

Pero si yo siempre he vivido aquí! Ya hacía meses que el Ayuntamiento quería echar a Ricardo del viejo almacén que era su casa. Esta vez la policía le sorprendió indefenso mientras dormía. Le cogieron por debajo de los hombros y le arrastraron hasta el coche. Emprendieron la marcha pero a los cinco minutos un frenazo sobresaltó a Ricardo. Una farola acababa de caer atravesándose en la carretera. Los policías se bajaron corriendo del coche a ver qué pasaba. Entre sueños, Ricardo bajó del coche y empezó a andar en dirección contraria. Mientras los policías discutían por descubrir qué había pasado el detenido echó a andar por un camino montañoso, tropezó con una piedra y se torció un tobillo.
Ricardo corrió sin resentirse. No tardó demasiado en llegar a la cima y lo que vio allí le sorprendió bastante. Miles de piedras se movían de un lado a otro formando muros, paredes y habitaciones. Aquello estaba tomando la forma de una casa. Ricardo entró a echar un vistazo. En el interior encontró a los dos policías atados con cadenas a la pared. Ahora estaban en su casa.